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lunes, 20 de marzo de 2017

Obras hidraulicas de Manuel Cuesta Gallardo

Obras Hidráulicas e Hidroeléctricas que hizo:

Don Manuel Cuesta Gallardo “mediante ‘soberbio’ acueducto encausó las aguas de la laguna de Cajititlán a Atequiza irrigando un millar de hectáreas. Entonces se enfrentó a los propietarios ribereños, los pescadores indígenas, quienes alegaban que ese acueducto perjudicaba sus reses, logró un arreglo satisfactorio, porque permitió pescar y simultáneamente sembrar en el terreno virgen que quedó al descubierto en las márgenes de la laguna. [… Construyó] un puente acueducto para llevar a Guadalajara agua de Los Colomos.” 13
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9 Idem
10 Fot. col. Rivero-Lake Fotografía 14. Invitación a una carrera de bicicletas en honor a Manuel Cuesta Gallardo.
11 Salvador Rivero y Martínez op. cit.
12 Según el AGN, esta foto es de Octaviano de la Mora, pero existe duda por parte del Maestro Rubén Rodríguez ya que él la atribuye a Charles B. Waite.
13 Moisés González Navarro op. cit. (Vol. 2) pp. 161-162
“Por su fracaso de irrigar con las aguas de Chapala y de los ríos Lerma y Santiago, se ganó el mote de ‘alucinado’, porque los ingenieros juzgaron imposible tal proyecto. Sin embargo construyó un dique para desecar unas 40 000 hectáreas de Chapala.” 14 “Convencidos de la bondad del proyecto, los demás hermanos entregaron al primogénito don Manuel, incondicionalmente, la parte que les correspondía a cada uno de la herencia. Se trataba de algo que no se había hecho en parte alguna del globo terrestre… Los Cuesta pensaron que las tierras abandonadas por el rico limo producido por la ciénega y el lago, podían convertirse en magnífico páramo agrícola… Decidieron así fraccionar y vender esos terrenos […] No reparó don Manuel en gastos… Llamó en su auxilio a los mejores técnicos agropecuarios… Se trajeron hojas de tabaco de Ceylán para producir los más finos puros del mundo […] Se levantó la presa de Poncitlán, dotada con las bombas más grandes del mundo […] La prensa extranjera llamó a Manuel Cuesta Gallardo un genio a la altura de Lesseps, el constructor del Canal de Suez” 15

Sobre los movimientos de Cuesta Gallardo, Pablo Vargas dice en su investigación acerca de caciquismo, que:

“El primer contrato firmado en agosto 15 de 1900 le autorizaba  la ejecución de obras hidráulicas para utilizar como riego hasta la cantidad de 25 mil litros de agua por segundo del lago de Chapala y del río Santiago en el trayecto comprendido entre la hacienda de Atequiza a la ciudad de La Barca, Jalisco. Este contrato fue ratificado y reformado sucesivamente por los del 9 de septiembre de 1903, 18 de mayo de 1905 y 7 de mayo de 1906. De dichas modificaciones contractuales por el generoso gobierno porfirista, el empresario obtuvo grandes beneficios: el incremento de volumen de agua para riego a explotar máximo sería de 788 millones 400 mil litros cúbicos a utilizar en tierras de Jalisco y Michoacán; se le permitía construir las obras necesarias para reducir el vaso del lago a fin de disminuir la superficie de evaporación sin que el nivel de las aguas pudiera exceder la acotación 97 80 del plano; ‘y se le concedieron en compensación los terrenos pertenecientes a la nación, que por reducción del vaso, se descubrieran’ […] En este periodo la presión de las haciendas sobre la tierra de la comunidad indígena fue en constante aumento e inclusive, tenía un fundamento legal de 14 de julio de 1902 con la ‘Ley sobre reparto de bienes de las extinguidas comunidades de indígenas’ […] cuyo fin era continuar la destrucción y privatización de la propiedad comunal en beneficio de la intervención capitalista en la agricultura. De ese modo, en los contratos celebrados por Cuesta Gallardo [Manuel] no se previeron los derechos de Ciénega de los indios de los pueblos de San Pedro Caro, Pajacuarán y Sahuayo.

Con la misma secretaría Manuel Cuesta [Gallardo] firmó otro contrato el 12 de junio de 1909, en el que se comprometió a ejecutar las obras destinadas a reducir el vaso del lago de Chapala. La única condición que se le pidió fue exhibir $500 mil pesos en efectivo, invirtiendo la mitad de tal suma en las obras y se le concedería, en la calidad de préstamo por la inversión de esa cantidad, hasta tres millones de pesos para la conclusión de obras. La suma presentada se debería pagar con terrenos descubiertos a elección del gobierno, pudiéndolos readquirir a $250 pesos por hectárea en el término de dos años contados desde la elección que de ellos hiciere el gobierno.

El empresario se obligaba a fraccionar los terrenos que le correspondieran en lotes hasta de 500 hectáreas, no pudiendo enajenar más que una porción de cada persona así como entregar cada
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14 Ibídem p. 162
15 Salvador Rivero y Martínez op. cit.
hectárea dotada con un volumen anual de riego de cuatro mil metros cúbicos, subvencionado también con $25 por cada hectárea. Frente a tantas obligaciones para el gobierno, sólo se pactó en caso de caducidad el derecho a la incautación de construcciones, maquinarias, herramientas y demás objetos para la ejecución de las obras, y si no bastaran estas garantías el gobierno exigiría al concesionario lo que estimase conveniente […] Cuesta Gallardo, en pleno ocaso del porfirismo, aún recibía de este régimen más facilidades para su empresa” 16

Ese bordo construido entre La Palma y Maltaraña por Manuel Cuesta Gallardo redujo un tercio el vaso oriental del almacenamiento del lago de Chapala, y finalmente libró el subibaja del agua del lecho de la Ciénaga para convertirla en suelo agrícola. 17 La obras de construcción corrieron a cargo del hijo de don Manuel Cuesta Gallardo con el ramal de la Hidroeléctrica de Chapala bautizado como Compañía Agrícola de Chapala, el cual comenzó a construirse en 1905 con maquinaria alemana y refacción variada, tracción de bueyes y la fuerza de peones y jornaleros de San Pedro Caro, Pajacuarán, La Luz, Sahuayo, Jiquilpan, Guaracha y demás pueblos circunvecinos 18 “A fines de 1910 trabajaban en esa obra 4 000 operarios, rayaban semanariamente 35 000 pesos, es decir, casi nueve pesos a la semana cada uno, cantidad ciertamente alta, de ser exacta.” 19

Un día – cuenta un ejidatario de San Pedro Caro, Elías Buenrostro de 84 años –  llegó Moisés Salazar, representante máximo de los Cuesta Gallardo, quien comandaba el equipo de ingenieros y peones; queriendo que firmaran un escrito de que estaban conformes con la desecación y a cambio recibirían cinco mil pesos, el motivo oscuro en verdad era el quitarle las tierras que se les habían recibido de la Real Corona, incluso se menciona a una señora, Librada Rayas, quien les dijo que con ese dinero “no les pagaban ni las gallaretas (animales prietos del agua)” y todos se opusieron a firmar.20

            “El 13 de julio de 1909 se construye la que sería la base del sistema eléctrico en las poblaciones importantes de Jalisco, la ‘Compañía Hidroeléctrica e Irrigadora de Chapala, S. A.’, ante el notario M. Borja Soriano, de acuerdo al permiso que el 30 de abril de 1908 obtuvo el señor Manuel Cuesta Gallardo, para instalar en Guadalajara una planta eléctrica para suministro de luz y fuerza […] El caso típico de absoluta ventaja en la obtención y uso de las concesiones que el gobierno porfirista otorgó en el ramo de aguas, tranvías, luz y fuerza eléctrica lo constituyó la culminación de la lucha por dominar el mercado eléctrico local, al constituirse la Compañía Hidroeléctrica e Irrigadora de Chapala, lo cual vino de golpe a desplazar todas las existentes, gracias a la habilidad y carencia de escrúpulos de Manuel Cuesta Gallardo, Fernando Pimentel y Fagoada y Emile Pinzón, quienes en compañía de: Lic. Pablo Macedo, Porfirio Díaz (hijo), Lic. Lorenzo [El Chato] Elizaga, Manuel Marroquín y Rivera, base de la compañía de tranvías acapararon el total de posibilidades de generación y uso industrial y comercial de energía eléctrica para el estado.” 21

Si aquellos hombres, entre ellos don Manuel, manejaban el monopolio eléctrico resulta entonces explicable el que Atequiza, contara con planta eléctrica prácticamente desde que se introdujo la luz a provincia y surtiera increíblemente a algunas propiedades de Poncitlán, Ocotlán, y La Barca.
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16 Pablo Vargas González. Lealtades de la Sumisión. Caciquismo. El Colegio de Michoacán; Zamora, Mich. 1992, pp. 31-33
17 El Río Lerma Santiago (Heriberto Moreno García. “Chapala, el Lago”). Agata/Fotoglobo, Guadalajara 1997, p. 2
18 Pablo Vargas González op. cit. p. 33
19 Moisés González Navarro (Vol. 1) op. cit. p. 162
20 Pablo Vargas González op. cit. pp. 33-34
21 Cesar G. Alfaro Anguiano, La Electricidad en Jalisco (Temática Jalisciense N° 21). Gobierno de Jalisco Unidad Editorial, Guadalajara 1988, pp. 19-20
Con Porfirio o sin Porfirio, “Siguió llevando agua a su molino”

            Pablo Vargas González de El Colegio de Michoacán, resalta la paradoja que representaba el movimiento agrarista durante la revolución y el asunto de que Manuel Cuesta Gallardo, con la pena señor don Porfirio, pero busines are busines; se las arregló para seguir obteniendo refrendos de sus permisos concedidos por el gobierno del General:

“Entre 1910 y 1911 la desecación de la Ciénega era una realidad. Las empresas creadas por Cuesta Gallardo realizaron dos contratos con el gobierno maderista considerados como ‘continuación’ de los pactados con la administración del general Díaz.

       El primero se signó en abril 12 de 1912 en la Compañía Agrícola, filial de la Compañía Hidroeléctrica e Irrigadora del [sic] Chapala, habiendo recibido dos millones del préstamo ofrecido, declaró entregadas las obras ‘a satisfacción de la Secretaría de Fomento’. Había modificaciones con respecto a contratos anteriores, como el hecho de que la Compañía adquiría los terrenos desecados que le pertenecerían e [sic] exoneraba al gobierno de la obligación de venderle las doce mil hectáreas que el mismo gobierno recibiría en pago de los tres millones de pesos prestados. En cambio, el gobierno tomaba dichas tierras en firme a doscientos ochenta pesos cada hectárea, en lugar de los doscientos cincuenta fijados en contratos anteriores. Por tal modificación el gobierno se obligó a entregar, no ya el millón de pesos que faltaba del préstamo, sino un millón y trescientos sesenta mil pesos, los cuales corresponderían a la empresa de Manuel Cuesta. […]

       En segundo contrato de noviembre 20 de 1912, paradójicamente años después del estallido revolucionario, el gobierno de Madero avaló los convenios celebrados entre empresarios y terratenientes con la administración Díaz sobre recursos de la nación. En el se convino que siendo dueño legítimo de las 44-991-39 hectáreas de terrenos desecados, el gobierno cedía tales terrenos a la Compañía Agrícola, en cumplimiento con el contrato de mayo 19 de 1906 en compensación de los gastos erogados en el trazo, deslinde y amojonamiento de la curva de nivel 97.80 metros que limita el vaso del lago y la construcción de esas obras. Como única obligación la compañía extendería a favor del gobierno título de propiedad de doce mil hectáreas..

       Cuesta Gallardo sacó ventaja del gobierno espurio del dictador Huerta, que hizo válidos los convenios anteriores, y pagó el faltante del préstamo ofrecido de un millón 360 mil pesos otorgados por la Caja de Prestamos, con la obligación para la Compañía Agrícola de pagar el capital prestado dentro del plazo de veinticinco años. El contrato de agosto 28 de 1913 también indica que el gobierno garantizó el pago del capital y réditos con hipoteca del lote de doce mil hectáreas. El gobierno revolucionario de Venustiano Carranza, a través de la Secretaría de Agricultura y Fomento, citó a conferencias a los propietarios de los terrenos creados con los representantes de las compañías con el objeto de determinar los derechos y obligaciones de cada una de las partes, dando como resultado un convenio de fecha noviembre 28 de 1917” 22





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22 Pablo Vargas González op. cit. pp. 34-36
            La distribución de la tierra desecada en 1913 ocupaba 27,645.99 hectáreas distribuidas en las haciendas de San Agustín, Capulines, Cumuato, Briseñas, Buenavista, El Molino, La Luz, El Capulín, El Mezquite, La Playa, Los Frijoles, de Valenciano, La Higuera, Dávalos, Guaracha, La Cofradía y la Laguna de Pajacuarán y Ciénega Palmeña. Y el lote definitivo reconocido por el gobierno federal de Carranza la redujo a 11,467.16 hectáreas. 23

En dicho convenio se ordenaba la delimitación de los terrenos desecados para su escrituración. Finalmente, el último documento jurídico de este gran proyecto agrohidráulico fue la escritura pública 3, 276 de 25 de noviembre de 1918 que firmó el Secretario de Agricultura y Fomento Pastor Rouaix junto con los representantes de la Compañía Hidroelécrica e Irigadora de Chapala, y la Compañía Agrícola de Chapala, encabezados por Manuel Cuesta Gallardo y otros grandes hacendados como Manuel Moreno [cuñado de Joaquín], las familias García Dávalos, Castellanos Lambley, Martínez Negrete, Fernández del Valle, Méndez Ruiz… y Miguel A. de Quevedo, como apoderado de la Señora Antonia Moreno viuda de Cuesta [Joaquín]. Ese caso fue el primer paso del gobierno emanado de la revolución (Carranza en ese tiempo) para convertir la Ciénega de Chapala en un proyecto económico “mixto” planeado, organizado, y ejecutado por capitalistas, y financiado y formalizado por el estado. 24

            Según una publicación de el funcionario Fortunato Dozal, en el periódico El Universal del 26 de junio de 1921 titulada “El fracaso de las obras de desecación en Chapala” los gobiernos de Porfirio Díaz y Victoriano Huerta gastaron tres millones de pesos en esas obras que ni siquiera fueron concluidas. Las mismas que habían sido permitidas por los gobiernos de Madero y aceptados por Carranza. Para esos años la Familia Cuesta Gallardo había extendido la explotación del subsuelo en otra región michoacana, organizando la Compañía Hidroeléctrica de Los Reyes, la cual junto con la de Chapala eran subsidiarias del capital transnacional de la empresa American Central Utilities Company.25

Después que una Junta Administrativa destituyera a Manuel como uno de los titulares de la Hidroeléctrica; su hermano, el Ing. Luis Cuesta Gallardo, siguió ideando proyectos a nivel federal, uno muy vasto quedó por hacer de la hidroeléctrica de Chapala, la segunda empresa más poderosa del país, con una capacidad suficiente para electrificar tres cuartas partes de Jalisco. 26

            En 1917, don Manuel explicaba a estudiosos del problema agrario “en la Universidad Popular Mexicana que mediante la irrigación duplicó el trigo que cosechaba en La Calera, La Capilla y Atequiza. Los secretarios de Fomento y de Comercio e Industria podían resolver el problema agrario si el dueño del terreno también lo era del agua, lo cual evitaría antagonismos entre ambos’” 27







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23 Ibídem pp. 38-39
24 Ibídem pp. 36-37
25 Ibídem p. 44
26 Salvador Rivero y Martínez op. cit.

27 Moisés González Navarro op. cit. (Vol. 2) p. 55

Fotografía de Manuel Cuesta Gallardo vestido para una fiesta de disfraces, colección de Francisco Rivero Lake.