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miércoles, 4 de mayo de 2016

Una Tierra Llena de Tepalcates (Por el Profr. Francisco Rojas)

Una Tierra Llena de Tepalcates (Por el Profr. Francisco Rojas)
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Como un hilo de plata se escurre el Chicnahuac, que otros llaman también Tololotlan. Los de Tekitzistlan lo ven llegar y alejarse acompañando al sol. Aquí la pesca es abundante… pequeñas barcas circulan entre los tulares sin ir más allá, donde las aguas caen estrepitosamente en una cascada que canta una partitura que no tiene fin.
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Aquí el día ha despertado. Las mujeres se aprestan para ir al ojo de Agua, cuya mirada cristalina y fresca, alimenta su espíritu y su cuerpo y ¡El espíritu y el cuerpo de todos los que viven en Tekitzistlan!
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Aquí, desde donde se divisa el cerro del Anahuac, a unos pasos del Ojo de Agua, oyendo el rumor del Chicnahuac, cuyo eco se escurre al picacho que da sombra a los de Tepeyamatlaxtzonsitla que andan ya queriendo fundar Ixtlahuacan, los hombres preparan sus arreos para la pesca, la caza y la defensa; unos bogarán entre el laberinto del tular con sus fisgas y nazas; otros caminarán por el monte, cuidando de no molestar a los de Tepeyamatlaxtzonsitla, Tecomatlan, Mexcala o los de Atotonilco, en sus incursiones de caza y recolección de hierbas y frutos. Otros cuidarán de la aldea… las mujeres también cuidarán los niños y mantendrán el fuego.
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Ha caído la tarde. Muchos de los hombres ya están en la aldea, dando cuenta al cacique, de ese día. Muchos de los que fueron de caza no han regresado, fueron más allá, hasta el divisadero de la Gran Laguna, cuyo espejo les producía un embrujo especial, y más, cuando a tal visión se sumaba la de la montaña blanca con una hoguera invisible que a diario humeaba. Desde allá, volteando un poco hacia el noroeste veían el caserío de Tekitzistlan junto a la arboleda nutrida por el Ojo de Agua y suspiraban como queriendo abreviar el tiempo para estar ahí. Pero antes, sabían que debían llegar al templo donde moraban sus muertos para ofrecerles algo de su caza, flores, frutas o aromáticas plantas… el día entonces se habría completado. Ya podían regresar en paz con sus ancestros y sus dioses. Mañana… el sol vendría de allá de donde viene el Chicnahuac y sería otro día.
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Francisco Rojas Arias
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Ahí, a unos
cuantos metros
del Ojo de Agua
A cuando mucho
dos kilómetros
al noroeste
de la
actual Atequiza,
que se fundó
a expensas
de la Hacienda
de Santa Ana…
respetando
su muralla.
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Primavera de 2002
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Fot. Nestor Adrián Padilla Arias. Atequiza 2002